"Los chavales de mi barrio éramos unos privilegiados. Teníamos el Retiro a un metro, como Méliès la luna, y todos los cines del mundo. Narváez, Ibiza, Sainz de Baranda, Salamanca, Tívoli, Alcalá, Argel, Becerra, Universal, Ayala, Alcántara... Era tanto como tener el mercurio de la vida en la palma de la mano. También en Madrid había otros cines, de reestreno, de barrio, con terraza de verano, cines mañaneros... Fuí a todos. Guardé las entradas de todos. Todas aquellas salas, por tres pesetas, por dos pesetas,te ponían el mundo en las manos y barrían la soledad de tu alma. Las ciudades con cines apenas necesitan ir al psiquiatra. Las ciudades con cines viajan siempre a través del tiempo y se mueren menos. Y una última cosa. Hace un millón de años, cuando yo era pequeño, aunque los cines hubieran echado el cierre y apagado sus luces tras la última sesión, toma nota: pasar de madrugada junto a la más humilde sala de barriada te daba seguridad, sentías cobijo y amor. Cerca de un cine no podía pasarte nada malo."
José Luis Garci, Sólo para mis ojos, Notorius ediciones y Nickelodeón dos, 2009.
Cinema Paradiso, Giuseppe Tornatore, 1989...
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